La verdad es que Ar siempre sospechó que era un monstruo porque, aunque vivía en aquel lugar donde todas las personas eran también diferentes: vampiros, hombres lobo, fantasmas, enanos, centauros, sirenas, brujas; cada una de ellas poseía un rasgo común con los demás: tres equis en alguna parte visible del cuerpo.
Él no tenía esas tres equis; por eso, y por su extraño aspecto, sospechaba que él debía de haber venido de un lugar diferente...
Al final del libro, el lector tiene que acabar por sí mismo la historia con varios finales alternativos que se le ofrecen.
La historia nos enseña que el aspecto físico no importa, que una persona puede ser diferente de otra por fuera y que eso no tenemos que tratarlo mal, que lo importante es el interior; el corazón de las personas. También nos dice que las cosas materiales no son tan importantes como nos creemos; nos habla de amistad de amor, de modestia, de luchar por conseguir un mundo mejor y de que la fantasía es imprescindible.
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